sábado, 9 de noviembre de 2013

Desconocido

Jesús Hernández Martínez

Verde y azul, son los colores que recuerdo veía cuando Dario me besaba, cuando sentía sus manos tibias recorrer mi abdomen, mi pecho hasta llegar a mi espalda. Él decía ver una luz blanca, pero algo me decía que su respuesta solo era para no quebrar el romanticismo de ese momento.

¿Estará viendo lo mismo?, no lo sé, a Joel no lo conozco muy bien. 

Nunca me ha gustado alzar la mirada cuando me encuentro haciendo sexo oral, en mi mente me visualizo muy gracioso, pero a ellos dos parece excitarles mucho. Es como si no importaran los movimientos que hago con mi lengua sobre su pene, ni las partes de su cuerpo que poco a poco voy acariciando, ni mucho menos si estamos enamorados el uno del otro. Lo único para ellos excitante es percibir a alguien lamiendo su miembro y al mismo tiempo mirándole a los ojos. 

Recuerdo también cuando al igual que Joel, me estremecía mucho cuando me besaban el cuello, cuando me acostaba boca abajo sobre la cama y comenzaban a bajar con su lengua desde mi nuca, pasando por mi espalda, hasta llegar a mis nalgas. 

Nunca pude darle una explicación clara a Dario de esos momentos en los que tocaba o besaba partes de mi cuerpo y no paraba de reír, o que cuando al tener un orgasmo reía a carcajadas.

¿Estará sintiendo lo mismo?, no lo sé, a Joel no lo conozco muy bien.

Me beso y yo le correspondí. Su lengua tiene una suavidad muy particular que me gusta y atemoriza al mismo tiempo. Baje con mi boca por su barbilla hasta llegar al cuello, y se estremeció, lleve mi lengua hasta su pecho y comencé a hacer círculos con ella sobre su pezón izquierdo, se reía excitado, sin perder el ritmo baje por su abdomen hasta llegar a su pelvis, lentamente le quite su boxer color morado, el que por cierto no podía ocultar su notoria erección. Nuevamente con mi lengua recorrí sus piernas y la lleve hasta su pene, él se estremeció mas, y pidió que lo mirara a los ojos. Al poco rato yo me encontraba en su lugar, pero ni su cuerpo sobre el mio, ni su lengua en mis pezones, ni sus labios en mi pene, provocaron que sonriera, lo único que percibía eran sus sabanas color verde y el azul en sus paredes. Sin pensar mas me levante y volví a llevar su pene a mi boca, intentando persuadir su necesidad de penetrarme. 

Después de un buen rato mientras me besaba, su semen escurría por su glande, lentamente llevo sus brazos alrededor mio, yo hice lo mismo. Diez segundos después se levanto y dirigió al baño. 

Me quede tranquilamente recostado sobre la cama, cerré mis ojos, sentí nuevamente sus labios y su cuerpo sobre el mio, había un calor muy relajante que nos envolvía, el cual hacia mas verdosas las sabanas y mas azules las paredes. 

Bajamos a la cocina, era la tercera vez que me encontraba en la casa de Joel, tomo dos tazas y las lleno de té caliente, era ya de noche, el ambiente frió me hizo aceptar con gusto la bebida. Ya sentados en la mesa note que me miraba, de esa manera en la cual me gusta que me miren, respondí a sus pupilas e incomodado hice un gesto gracioso, comencé a reír, él sonrió y me pregunto: ¿qué planeas hacer mañana en tu vida?, y yo respondí: ¿En mi vida? No lo sé, aún no la conozco muy bien.